Entendiendo el primer sello del pacto: El Espíritu

Entendemos que existen tres sellos para el pacto que Jesús hizo con su Iglesia. Estos tres son el Espíritu, el agua y la sangre y son nombrados por Juan en su epístola.

1 Juan 5:6 Éste es el que vino mediante agua y sangre: Jesucristo. No sólo por el agua, sino por el agua y por la sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio, porque el Espíritu es la verdad. 5:7 Porque tres son los que dan testimonio: 5:8 El Espíritu, el agua, y la sangre; y los tres concuerdan.

El primer sello es el Espíritu, la promesa profetizada por Joel y revelada por Pedro a los judíos:



Hechos 2:16 sino que esto es lo dicho por medio del profeta Joel: 2:17 Y acontecerá en los postreros días, dice Dios, Que derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, Vuestros jóvenes verán visiones, Vuestros ancianos soñarán sueños, 18 Ciertamente sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. 19 Y daré prodigios arriba en el cielo, Y señales milagrosas abajo en la tierra, Sangre, y fuego y vapor de humo, 20 El sol se convertirá en tinieblas, Y la luna en sangre, Antes que venga el día grande y glorioso del Señor. 2:21 Y sucederá que todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo.

La consumación del pacto con Israel no solo consistía en posesiones, herencia o generaciones que gobernarían la tierra sino el más preciado tesoro del Padre, el mismo Espítitu de su Hijo en el corazón de cada uno de los de su pueblo.

La promesa fué dada a la descendencia de Abraham, esa descendencia somos todos los que hemos confesado su Nombre, que hemos creído en su palabra y nos hemos arrepentido y alejado de nuestra pasada manera de vivir. Estos dice la biblia que son los verdaderos herederos de Abraham, los de la fe.

Romanos 4:11 Y recibió la señal de la circuncisión como evidencia de la justicia de la fe de cuando estaba en la incircuncisión, para que él sea padre de todos los que creen sin estar circuncidados, a fin de que a ellos les sea adjudicada justicia; 12 y padre de la circuncisión, no sólo para los de la circuncisión, sino también para los que siguen las pisadas de la fe de nuestro padre Abraham cuando aún estaba en la incircuncisión.
Seamos pues diligentes en edificar con oro, plata y piedras preciosas el tabernáculo de nuestro corazón para que habite por la fe el Espíritu de Cristo en nosotros. Despojemonos de toda contaminación y mantengamos firme nuestra promesa de servirle y agradarle en todo.

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