martes, 6 de diciembre de 2011

Dios de Tiempos: el Verano

Salmos 31 21 Bendito sea Jehová, Porque ha hecho maravillosa su misericordia para conmigo en ciudad fortificada. 22 Decía yo en mi premura: Cortado soy de delante de tus ojos; Pero tú oíste la voz de mis ruegos cuando a ti clamaba. 23 Amad a Jehová, todos vosotros sus santos; A los fieles guarda Jehová, y paga abundantemente al que procede con soberbia. 24 Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, Y tome aliento vuestro corazón.

En el verano Él hace maravillas, donde Él mira a la gente que pensaba que estaba muerta, que decía “cortado soy delante de tus ojos Señor, pero Tú oíste la voz de mis ruegos cuando a ti clamaba”.



Cuando viene el verano, Él se manifiesta como un Dios misericordioso, como un Dios sanador, como un Dios restaurador que toma un vaso quebrado y lo arma otra vez, lo sana y lo hace un vaso elegido, un vaso escogido. Es un Dios que nos da esperanza. En el verano es donde Dios comienza a contestar las peticiones que por un tiempo largo hemos tenido en su presencia, donde todo el deseo de nuestro corazón, donde todo lo que hemos dejado en sus manos como petición de nuestro corazón comienza a cumplirse.

El Señor nos llena de aliento en nuestro corazón. En el verano viene el gozo, viene la abundancia, viene la justicia de Dios. Viene la alegría. Lo mejor que podemos hacer durante el paso por estas temporadas es no escaparnos de la mano de Dios, sino pasarlas en la mano de Dios. Aunque pasemos por el invierno donde está todo helado y no hay frutos y donde la gente nos ve y dice “mira que flaco, mira que débil, mira que no tiene color en la cara porque hace mucho frío, mira que no está produciendo frutos, mira que deprimido, mira que tiene cara de muerto, ese ya está terminado, está acabado”; en el tiempo de invierno es el tiempo de confiar en el Señor, por eso David escribe más versos del invierno que cualquier otra estación porque es donde más hay que confiar en el Señor, ahí es donde decimos “Señor, tu rostro va a resplandecer, va a salir el sol, yo no me voy a quedar”.

El invierno no dura para siempre, tiene un fin así como las estaciones. Pero lo importante es conocer que si Dios nos lleva por temporadas no seremos confundidos. Entendemos que Él nos libra en su justicia. Dios es justo y no va a extender el invierno más del tiempo que podamos soportar. Dios nos dice “confía en mí” y nosotros decimos “yo confío en Ti”. Dios dice “tus temporadas están en mis manos” y nosotros decimos “Señor, mis temporadas están en tu mano poderosa, eres mi Dios, yo confío en Ti”.

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