sábado, 3 de diciembre de 2011

Despertando a la verdad

1 Corintios 2:6 Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. 2:7 Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, 2:8 la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria. 2:9 Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman 2:10 Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. 2:11 Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.

Dios destino la sabiduría para los que le aman y estos a la verdad son sus hijos. Aquellos que cumplen sus mandamientos y estatutos y saben quien es su Padre y en esa identidad son establecidos. El hombre es hecho a imagen y semejanza de Dios, esto quiere decir que venimos de su esperma, por tanto sólo podemos tener identidad por medio del Padre. Desde el principio de los tiempos el hombre ha buscado identidad en diversas áreas, porque no sabe quién es, y jamás encontrara su identidad en las cosas de este siglo.

Esto ocurre también en el ámbito cristiano, miles de cristianos preguntan si son buenos ministros y entre ellos existen rivalidades y competencia, miles de cristianos no saben cual es su destino y gastan su tiempo y sus fuerzas en exaltarse a sí mismos construyendo sus propios reinos y no el de Jesucristo.

Esto es una consecuencia clara de la falta de paternidad, porque sólo por medio de la sabiduría que nos da el Espíritu Santo podemos saber y entender quienes somos en Cristo. En la carne seguimos preguntando y buscando quienes somos y no hayamos respuesta, porque si buscamos o vivimos por la carne moriremos.

Dios está descendiendo sobre toda la tierra para traer las cosas que ojo no vio, ni oído oyó, y que las manifestemos los que somos guiados por el Espíritu, los que sabemos quienes somos, que entendemos no por la sabiduría de este siglo sino por la sabiduría de Dios nuestra posición de hijos en Cristo.

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