domingo, 22 de enero de 2012

Entendiendo la Iniquidad

En el libro de Éxodo vemos expresada una revelación importante acerca de la iniquidad. Pasaremos a revisar entonces algunos aspectos que entendemos acerca de esta.

Éxodo 34:6-7 “Y pasando Jehová por delante de él proclamo: ¡Jehová! ¡Jehová! Fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación”.



  1. La iniquidad es una simiente y raíz de mal, que surge de la maldad de Lucifer. (Ezequiel 28:15-18)
  2. La iniquidad es una puerta para el mundo espiritual de las tinieblas. Empuja a la persona y la inclina a un pecado determinado, heredado a través de su ADN siendo un patrón de conducta que toma asidero en nuestra forma de ser.
  3. La iniquidad es una semilla torcida que pasa de generación a generación y se va torciendo de padres a hijos.  (Jeremías 17:1)
  4. La iniquidad es usado como una legalidad de Satanás para robar, enfermar, obstaculizar los propósitos de Dios en nosotros.
  5. La iniquidad es como una vestidura que te envuelve y como agua que entra en lo más profundo de nuestro ser y se aloja en los huesos.

La iniquidad no solamente va a afectar nuestro ser interior, sino que afecta la tierra. La iniquidad se va metiendo en la tierra y va edificando un lazo de torcedura interna en nosotros y eso mismo se va edificando también en nuestro entorno, en las ciudades y naciones.

Habacuc 2:12 ¡Ay del que construye una ciudad con asesinatos y establece un poblado mediante el crimen!

La muerte y resurrección de nuestro Señor nos dió la capacidad de vencer la iniquidad en nuestras vidas. Él mismo llevó y pagó por nosotros el castigo de la Iniquidad.
Isaías 53
5 Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados. 6 Todos andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino, pero el Señor hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros.


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