martes, 31 de enero de 2012

Consagrando el yo

Consagrar el yo no significa que tenemos que desconectar nuestra mente y no tener ninguna meta o ambición porque lo hayamos consagrado a Dios.

Más bien el consagrase a uno mismo (el yo) significa que sometemos nuestra voluntad a la de Dios, y que nos asociamos con él mientras planeamos nuestro presente y el futuro. Consagrar el yo implica también que le permitimos a Dios que cambie cualquier plan que él no esté de acuerdo.


Lucas 14
26 Si alguno viene á mí, y no aborrece á su padre, y madre, y mujer, é hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su vida, no puede ser mi discípulo
27 Y cualquiera que no trae su cruz, y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo

Cuando nos consagramos debemos estar dispuestos a que el afine áreas de nuestra personalidad y cualidades del carácter que él nos ha dado y que nos hacen la persona única que somos. También debemos estar dispuestos a desarraigar de nuestra vida cualquier pecado, tal como egoísmo, ira, falta de perdón, lujuria, orgullo, rebelión, etc.

A través de las escrituras, Dios trata de advertirnos que las áreas del Yo que no están consagradas eventualmente nos guiaran a nuestra propia destrucción, además de lastimar la vida de los que están a nuestro alrededor. Debemos aprender a morir, atrevámonos a ser santos. No cedamos a lo malo. No nos parezcamos al mundo sino a Jesús.

Lucas 14
33 Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia á todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo

JESÚS VIVIO UNA VIDA CONSAGRADA al padre. ÉL CONSAGRO TODO y puso primero la voluntad de su padre antes que su propia voluntad MATERIAL, ESPIRITU, ALMA, cuerpo.

¡De la misma manera debemos andar!

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